Ouroboros

Sentía como la puntiaguda aguja azul de la catedral románica, que sobresalía de entre todos los edificios, se quedaba grabada en su retina y en su cerebro, mas no reconocía aun del todo aquel paisaje extraño. Con tan sólo 38 años, August ya había sentido esa sensación al menos otras cuatro veces más. La experiencia de volver a empezar, de conocer nuevas calles, nuevas gentes, nuevos compañeros y también una nueva gastronomía. Al menos esperaba que Alemania fuera su residencia definitiva.

Tras unos minutos de observación de su nueva ciudad a través de la venta del dormitorio principal, volvió para ordenar todos sus efectos personales que había traído de Gante, donde había ejercido de profesor titular de la universidad durante casi 10 años. Ahora, sin embargo, llegaba contratado a la Universidad de Bonn sin saber por cuánto tiempo.

Entre algunos tratados de Química, ya un poco ajado y desencuadernado fruto de tanto viaje, emergió su viejo diario, donde solía escribir las cosas que le resultaban más significativas. De aquel diario rescataba una y otra vez la misma anécdota que había escrito hacía ahora casi 8 años:

“Estaba sentado escribiendo en mi libro de texto, pero el trabajo no progresó; Mis pensamientos estaban en otra parte. Volví mi silla al fuego y dormí. Nuevamente los átomos se mezclaban ante mis ojos. Esta vez los grupos más pequeños se mantuvieron modestamente en el fondo. Mi ojo mental, agudizado por las repetidas visiones, ahora podía distinguir estructuras más grandes de conformación múltiple; filas largas, a veces, más ajustadas entre sí, que se entrelazan y giran en un movimiento de serpiente. ¡Pero mira! ¿Qué fue eso? Una de las serpientes se había apoderado de su propia cola, y la forma giraba burlonamente ante mis ojos. Me desperté como si se tratara de un relámpago.”

Esto escribía en su diario August Kekulé en 1860, durante su estancia en Gante, tras un sueño en el que vio una serpiente morderse la cola, rememorando el famoso Ouroboros, de la cultura alquimista: La serpiente que muerde su cola formando un anillo,  símbolo del ciclo sin fin, de la infinitud y la unión entre todas las cosas materiales y espirituales. Kekulé llevaba tiempo intentando dar con la estructura química orgánica del benceno, una molécula cuyas propiedades eran bien conocidas, igual que su fórmula —C6H6.

Ouroboros,con la representación de la estructura del benceno.

Kekulé, quien llevaba años en búsqueda y captura de la disposición de los átomos del benceno, encontró la solución en uno de sus sueños. La estructura de los seis átomos de carbono dispuestos en forma de anillo con enlaces sencillos y dobles alternantes y cambiantes. Según la Teoría de la Estructura Química, la organización tridimensional de las moléculas sería crucial para el entendimiento de todas sus propiedades físicas y químicas. Un problema que siempre tuvo en mente, y del que nunca se despegó, ni tan siquiera en sus sueños.

Se dice que el descubrimiento de Kekulé fue fruto de la intuición, de un sueño. Pero esta intuición no debe ser vista como un regalo altruista que los dioses conceden a los iluminados, sino como una variante del tradicional método científico. No obstante, este tipo de intuición, sólo suele ocurrir en aquellas mentes que están más preparadas y predispuestas a la resolución de un problema concreto. Kekulé soñaba en las distintas formas en que se podrían ordenar los átomos del benceno, porque fue el problema al que mayor esfuerzo dedicó. De hecho, no fue el único sueño que tuvo al respecto.

Friedrich August Kekulé von Stradonitz (1829-1896)

Durante su etapa postdoctoral en Londres, entre 1853 y 1855, solía pasar veladas junto a su amigo Hugo Mueller hablando de química. En una ocasión, él mismo relata como se quedó dormido en el coche de caballos de vuelta a casa, y también pudo visualizar cadenas de átomos uniéndose y abrazándose de formas muy diversas, como se puede leer en esta entrada.

Algunos de los padres del método científico tal y como lo conocemos en la actualidad, como Bacon o Kant, contaban con la intuición de la mente predispuesta como herramienta válida para hallar la verdad científica.

El sueño de Kekulé no sólo le llevó a visualizar la estructura cíclica (aromática) del benceno, sino que supuso un espaldarazo para la Teoría de la Estructura, siendo considerado uno de los padres de dicha teoría. Como él mismo dijo a los asistentes de una fiesta que se hizo en su honor —Benzol Fest— en 1890:

“Soñemos, caballeros, así quizás encontremos la verdad”

Esta entrada forma parte de #Polivulgadores de Café Hypatia en su edición de agosto de 2018. En esta ocasión polivulgamos sobre los #PVintuición.

Referencias:

Physics: Discovery and Intuition http://www.p-i-a.com/Magazine/Issue19/Physics_19.htm

Galindo Almanza, Sergio. La intuición en la investigación científica http://www.revistaciencias.unam.mx/es/196-revistas/revista-ciencias-47/1868-la-intuici%C3%B3n-en-la-investigaci%C3%B3n-cient%C3%ADfica.html

Pino, Fernando. El sueño de Kekulé y e benceno. https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/3665/el-sueno-de-kekule-y-el-benceno

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BLOG NOMINADO PARA EL BLOGGER RECOGNITION AWARD 2018

Bueno, pues resulta que han nominado mi blog para el Blogger Recognition Award 2018.  La verdad es que ha sido una alegría muy grande que alguien lea el blog y lo reconozca, por lo que estoy muy requete-agradecido. He de decir que no conocía esto, pero que me parece bastante útil para la gente que empezamos a dar nuestros primeros pasos con los blogs.

Y como un gran poder conlleva una gran responsabilidad, vamos adelante con las tareas que implica esta nominación. Al turrón!

Las reglas (tal y como se recogen en El doblao del arte)

1. Publicar un agradecimiento al blog que te ha nominado e insertar un enlace a su blog.

2. Escribir un post para dar a conocer el reconocimiento recibido.

3. Contar el nacimiento del blog propio.

4. Dar consejos a los nuevos blogueros.

5. Nominar a 15 blogueros.

6. Comentar en cada blog y hazles saber que los has nombrado y proporcionar el enlace a la publicación que creaste.

En primer lugar, quiero agradecer a la gran @MJoseGomezFdez, que es la persona que, a través de su blog El doblao del arte me ha nominado para el Blogger Recognition Award 2018. En su blog podréis encontrar desde poemas, a relatos y reflexiones, muchas de ellas como participaciones en distintas iniciativas literarias. ¡Muchas gracias Maria José!

Este blog nace en el año 2016 y surgió como una oportunidad de inmortalizar en la red algunas cosas que me resultan inquietantes o curiosas del mundo de la Ciencia. Ciencia Intravenosa no pretende ser un blog altamente técnico, sino contar historias de Ciencia desde un punto de vista más informal y sin dejar de lado cierto rigor científico. Ir relatando lo que voy aprendiendo y me parece más interesante

Llevo relativamente poco tiempo en el mundo del blogging y desde luego que mi corta experiencia no me avala para dar consejos. Pero no me gustaría dejar pasar esta oportunidad sin plasmar dos ideas:

En primer lugar, destinado a aquell@s que están pensando en empezar en esto: ¡Deja de pensar y hazlo! Hay muchísima información de personas más experimentadas en esto que recomiendan cierta regularidad y calidad/cantidad de contenido. No dudo que esto sea cierto, pero creo que es mejor tener un blog pequeño que no tenerlo. Siempre puedes ir implementando todos esos consejos, que al principio echan para atrás, poco a poco.

En segundo lugar, para aquellos que, como yo, empiezan ya a nadar en el inmenso océano de los blogs: ¡Escribe con pasión! Por supuesto que hay temas que venden más y temas que menos. Pero como lector de blogs, me engancha la gente que se nota que escribe lo que le gusta. Esa emoción que plasman en el post no sólo se percibe, sino que gusta. Escribe siempre sobre cosas que te gusten, hazlo con cariño, e intentando llegar al mayor número de gente. Gustarás más o menos, pero si lo que escribes te apasiona, crecerás seguro.

Dicho lo cual, aquí dejo mi lista de 15 blogs nominados, en riguroso orden alfabético:

  1. Acelerando la Ciencia
  2. El cielo de Rasal
  3. Ciencia de sofá
  4. La Ciencia de la Mula Francis
  5. Cuentos Cuánticos
  6. Desayuno con fotones
  7. Ese punto azul pálido (Pale Blue Dot)
  8. Eureka
  9. Gaussianos
  10. Kaladen
  11. El lobo rayado
  12. La orilla del cosmos
  13. El pintor de las sombras
  14. Scientia
  15. El tamiz

Espero que los disfrutéis tanto como yo y, si conocéis alguno más, dejádmelo en comentarios y con mucho gusto iré ampliando la lista.

¡Un abrazo!

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La llegada (III)

(viene de la segunda parte)

Siferra ocupaba el puesto central en el puente de mando sin perder de vista el planeta creciente que tenía ante sí. Claramente tenía una atmósfera, pero mucho más tenue que la de su propio planeta. Incluso se podía ver parcialmente algunos detalles de su superficie, dominada por un azul intenso y también ciertas área de color verde o marrón con unos bordes bien definidos, tanto que no parecían nubes. Quizás fuera un planeta sólido.

Por otra parte, la doctora Kalimka permanecía atenta a su ordenador, donde recibía ingentes cantidades de datos acerca del planeta “Centro 3”. A cada minuto, la ingeniera jefe disponía de mayor información no sólo acerca de la composición del planeta, sino de la radiación emitida. Una radiación que era fácilmente descodificada para obtener información histórica.

En efecto, una civilización que empezaba a dominar la tecnología habitaba en Centro 3. Disponían de numerosos satélites artificiales en órbita del planeta, algunos de ellos parecidos al que se extravió cerca de Aldebarán. Y los datos históricos y arqueológicos también revelaban información clara sobre el origen.

En la decisión del lugar de aterrizaje sí hubo un consenso rápido y casi unánime. La emisión de radiación era poco frecuente en los polos de Centro 3, lo que parecía señalar que la vida inteligente estaba más concentrada cerca del ecuador y era más infrecuente en los polos. Incluso se conocía con bastante fiabilidad el origen de aquella vida inteligente. Unas regiones llamadas África y Mesopotamia.

El cénit de la humanidad debería estar justo en los lugares donde todo se originó. Era de esperar magníficas ciudades, plenamente desarrolladas y sostenibles. Habitantes que habían alcanzado una sociedad justa, pacífica que habrá derrotado la guerra y el hambre. Sólo una civilización así podría disponer del ingenio para enviar una sonda a una región remota del espacio con un mapa para que sólo quien sepa el lenguaje de la ciencia y del conocimiento pueda encontrarla.

Siferra apretaba los mandos aminorando la velocidad mientras el resto de la tripulación ya estaba preparada para el final de una gran expedición.

Esta entrada forma parte de #Polivulgadores de Café Hypatia en su edición de agosto de 2018. En esta ocasión polivulgamos sobre los #PVexpediciones.

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La llegada (II)

(viene de la primera parte)

Los ojos color naranja de Kalimka demostraban que la actitud de aparente tranquilidad de la veterana ingeniera era una mera fachada. Podía sentir como vibraban sus pupilas, pulsantes. Lo que le recordó a su propio hogar. Habían pasado algunos años desde que habían dejado atrás Aldebarán b, su hogar. Un planeta orbitando alrededor de una estrella fría, de color naranja que también pulsaba como lo hacían los ojos de Kalimka.

El incidente que los había llevado hasta allí había sido la recepción de una señal procedente de un dispositivo de otro mundo. La señal de partículas alfa penetrando en la densa atmosfera de Aldebarán b había permitido detectar la trayectoria del dispositivo. A partir de ahí, se siguió una cadena de sorpresas.

Un cambio en la órbita de la estación espacial Lyrus permitió interceptar una máquina sin tripulantes de apenas 1 metro. Sin duda era algún dispositivo de telecomunicaciones, dada la presencia de una antena gran antena parabólica de 2,74 metros de diámetro. Entre varios instrumentos se encontraba una caja en mal estado de donde parecía proceder la radiactividad del vehículo. Los astronautas a bordo de la Lyrus detectaron rápidamente que el combustible de la nave era dióxido de plutonio. El calor producido en su desintegración era aprovechado para generar la electricidad que precisaban aquellos instrumentos rudimentarios utilizados para recolectar datos sobre magnetismo y distintas radiaciones electromagnéticas. Sin embargo, un daño claramente visible había perforado la caja de combustible, dejando la máquina inoperativa.

La agitación fue creciendo en el transcurso de escasos días. La presencia en el planeta de una nave alienígena repleta de instrumentos de medición hizo presagiar la existencia de otra civilización, con cultura tecnológica. Una exploración más minuciosa del artefacto desembocó en el descubrimiento de una extraña placa dorada, junto a la gran antena, con símbolos muy extraños.

Fueron muchas las hipótesis que surgieron en torno al posible significado de aquellos símbolos, algunas de ellas apocalípticas y demasiado estrambóticas. Todos aquellos que estudiaron aquellos símbolos, terminaron fracasando. Muchos coincidieron en descubrir la silueta del dispositivo de comunicación en la placa. El resto, sin embargo, fue oscuridad durante meses.

Una de las propuestas más prometedoras vino de la mano de una ingeniera experta en cosmología procedente del proyecto de Búsqueda de Inteligencia Exterior. La doctora Wara Kalimka detectó algunos datos que le resultaban familiares. Concretamente, un gráfico de líneas convergentes en las que aparecían unas marcas. Cada uno de los radios del gráfico tenía un patrón de marcas diferentes, algunos de los cuales resultaron familiares a la doctora Kalimka.

Tardó tan sólo un par de semanas en descubrir que aquellas marcas eran una especie de código binario que descifraban un número para cada uno de los radios. Algunos de esos números eran bien conocidos por los astrónomos y astrofísicos. Al menos 5 de aquellos dígitos correspondían al periodo de pulsación de estrellas de neutrones conocidas. La doctora Kalimka, excitada, entendió que aquellos patrones de marcas descifraban estrellas de neutrones y había un total de 15 líneas apuntando hacia el mismo lugar —el centro. Aquella nave no había traído una amenaza alienígena, sino un mapa escrito en el lenguaje de las estrellas.

El hallazgo supuso un cambio en la dirección de los acontecimientos que precipitó en una expedición hacia “el centro” a bordo de la nave interestelar Larkos. Y de eso hacía ya mucho tiempo.

Placa a bordo de la sonda Pioneer 10, lanzada en 1972.

Un aviso de la tripulación sacó a Kalimka de sus pensamientos y del devenir de los últimos años. Por primera vez había contacto visual con un cuerpo celeste no estelar. Su aspecto visual recordaba levemente a Aldebaran b, de color marrón anaranjado con franjas paralelas que preconizaban la presencia de fuertes vientos en su atmósfera. También pudieron detectar el ansiado “centro”. Una estrella más pequeña y amarilla que la que conocían. Ahora era la estrella dominante de su entorno, un rebaño de hasta 9 planetas, todos ellos codificados en la parte inferior de la placa de símbolos. Ya no había duda. El mapa era correcto.

Por fin había un destino claro. Larkos ponía rumbo al tercer planeta desde el centro.

(continua con la tercera parte)

Esta entrada forma parte de #Polivulgadores de Café Hypatia en su edición de agosto de 2018. En esta ocasión polivulgamos sobre los #PVexpediciones.

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La llegada (I)

El capitán Siferra seguía sin salir de su asombro en el puente de mando. Si hubiera tenido manos, se hubiera frotado los ojos para comprobar si realmente estaba soñando. Pero algo en su interior que aquello era indudablemente realidad.

Todo parecía indicar que la ingeniera jefe Kalimka no erraba ni en sus cálculos, ni desde luego en su intuición. La misma Kalimka, a la luz de los acontecimientos pasados, había predicho lo que acababa de ocurrir hacía unos minutos. La aceleración de la nave se había alterado. No había sido nada brusco, más bien un levísimo tirón, apenas perceptible para los tripulantes y sin embargo detectable por los sensores de Larkos.

Aún así, “la entrada” —así acostumbraba a llamarla Kalimka— había supuesto una sorpresa para todos, incluidos aquellos que fueron más escépticos ante las predicciones de la ingeniera. Su teoría de posicionamiento basado en estrellas neutrónicas necesitaba que aquel momento y aquel lugar fueran el umbral de un pozo gravitatorio. Y todos los datos recogidos por el ordenador central indicaban que estaban entrando en el campo gravitatorio de una estrella.

La mezcla de estupor, jovialidad y cierta inquietud parecía no afectar al impenetrable capitán Siferra, que permanecía impertérrito mirando al frente. No sabía cuál de todos aquellos puntos luminosos estaba empezando a atraer a toda su tripulación hacia sí. A su juicio todos eran igual de grandes. Todos distaban por igual, pero uno parecía ser un intruso entre los demás. Una de todas aquellas estrellas era más pequeña, más cercana y ejercía su fuerza sobre ellos. Aún era demasiado pronto para poder identificarla.

Él no lo habría esperado y sin embargo Kalimka los había dirigido hasta aquel exacto lugar. Ahora había despejado cualquier duda que pudiera tener sobre la Teoría del Posicionamiento Neutrónico (TPN) propuesta por Wara Kalimka, la ingeniera más prestigiosa del planeta. Si realmente había desentrañado el enigma que encerraban aquellos misteriosos símbolos encontrados en la nave alienígena, seguramente también sabría los siguientes eventos que estaban por suceder. Era pues el momento de reunirse con ella para planificar los siguientes pasos.

Dio indicaciones para que fueran a buscarla. Siferra permanecería esperándola en el puente de mando.

 

(continua con la segunda parte)

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Cómo cambiar el mundo antes de los 30 – Sergio Parra (2018)

“Antes de que el Sol haya dado treinta vueltas alrededor de la Tierra a partir del momento en que naces, hay tiempo más que suficiente como para alcanzar la cima, descubrir cómo funciona algo que jamás se había comprendido, concebir un invento que revolucionara la historia para siempre o incluso sentar las bases de cómo será el futuro.”

Cómo cambiar el mundo antes de los 30 (NextDoor Publishers, 2016)

Tengo que decir que este libro de Sergio Parra, el primero que leo suyo, ha sido una sorpresa de lo más gratificante. Y es que es uno de esos libros que no tenía en mi lista de “pendientes” y cayó directamente en mis manos. A principios de verano participé en un concurso de la editorial NextDoor Publishers en el que había que recomendar un libro para el verano. Entre los participantes se sortearía el libro “Cómo cambiar el mundo antes de los 30” y…. ¡fui el agraciado! (for the very first time!).

Vaya por delante el agradecimiento a NextDoor Publishers por el magnífico obsequio y por el trabajo y cariño que ponen en todos sus libros. ¡GRACIAS!

Y ahora, al libro.

De este libro destacaría dos grandes ideas: una en cuanto al contenido y otra en cuanto al estilo del autor.

En cuanto al contenido, “Cómo cambiar el mundo antes de los 30”, lejos de ser un libro de autoayuda o coaching, como pudiera sugerir el título, creo que es más bien un libro de divulgación científica.

El autor expone brevemente una breve biografía de 17 personas que han sido relevantes en el desarrollo de diversas disciplinas científicas, en orden cronológico, desde Oliva Sabuco (1562 – 1622) hasta Larry Page (1972). El factor común de esas personalidades es el hecho que todas ellas supusieron cambios importantes en el pensamiento o desarrollo de sus ramas de estudio antes de que cumplieran 30 años.

El objetivo es la inspiración a través conocer algunas de las figuras que han cambiado nuestra sociedad y nuestro pensamiento a través de su historia. “A eso aspira humildemente este libro. A contar historias inspiradoras. A implicarnos emocional y psicológicamente con personajes que rompieron la baraja y transformaron radicalmente el mundo a pesar de que casi todo el mundo creía que nada podía ir a mejor.” cuenta el propio autor en esta reseña.

El libro de Sergio Parra muestra el foco sobre el cual trabajaron y la relevancia de dicho trabajo para el devenir futuro de la Ciencia, pero también expone algunos aspectos de la vida y el contexto histórico en que vivieron los protagonistas, haciéndolos especialmente humanos y, muchas veces, dispares entre ellos.

Algunos de ellos vivieron en familias adineradas y acomodadas, como es el caso de Maria Gaetana Agnesi o Bill Gates, mientras que otros tuvieron un origen mucho más humilde, como Philo Farnsworth o Edison. Algunos eran especialmente extrovertidos, como Nolan Bushnell y otros, como Jean-Pierre Serre demostraron un carácter más sencillo y reflexivo.

Pero en todos ellos se aprecia determinación, empeño y mucho esfuerzo en aquello que hacían, como es el caso de las largas y peligrosas caminatas de Mary Anning por los acantilados de Lyme Regis en busca de fósiles o  la perseverancia de Rosalind Franklin contra viento y marea, adaptando la humedad de su propio laboratorio para que sus cristalografías fueran de la mejor calidad posible.

Aunque no tuvieran, a priori, metas tan grandilocuentes, el ahínco de Anton van Leeuwenhoek puliendo cada vez más y mejores lentes para contar los hilos que determinaban la calidad de las telas con las que comerciaba, o la constancia de Kiran Mazumdar-Shaw, quien, a pesar de ver truncada su carrera como maestra cervecera por su condición de mujer, decidió utilizar sus conocimientos fundando la compañía biotecnológica Biocon Ltd, actualmente un referente en el sector, también fueron caminos que llegaron a buenos puertos.

A menudo, además del trasfondo de trabajo, esfuerzo y tesón como requisito sine qua non en el camino al éxito, también se aprecia la solidaridad con la sociedad que compartían. Louis Braille, por ejemplo,  quedó ciego por accidente, fue crítico con el sistema de lectura para otros ciegos y se dispuso a mejorarlo. Y Alice Augusta Ball consiguió purificar en menos de un año el principio activo del aceite de chalmoogra, lo que supuso un importante aldabonazo en el tratamiento de la lepra. De hecho, puedes encontrar la historia de esta científica brillantemente relatada en forma de cuento por mi amiga Cristina Sopena: aquí, aquí y aquí.

Por otro lado, el estilo con el que Sergio Parra escribe este compendio de pequeñas biografías muy fáciles de leer es una de las cosas a destacar. Estamos acostumbrados a libros divulgativos con un lenguaje riguroso, pero también sobrio. Sin perder el rigor, el autor utiliza un estilo mucho más literario y adornado, que a veces incluso recuerda a una novela. Y esto creo que es un punto a favor del libro. Muchas veces confundimos el rigor con un lenguaje”aséptico” y, a menudo, reflexionamos sobre nuevas fórmulas que deben buscar los divulgadores para llegar así a una mayor proporción de la población. En este sentido, me gusta el estilo de Sergio Parra y he disfrutado mucho aprendiendo e incluso descubriendo referentes del mundo científico que me eran ajenos.

En definitiva, “Cómo cambiar el mundo antes de los 30” es un libro ameno. Donde encontrarás los aspectos más relevantes de la vida y obra de científicos y científicas de distintas épocas y disciplinas. Cada uno de ellos y ellas vivieron situaciones familiares y sociales diferentes, pero todos apostaron por seguir el instinto de la curiosidad, utilizando como motores el trabajo, el esfuerzo y la perseverancia a pesar de las adversidades (especialmente las mujeres) para finalmente llegar al éxito y entrar en el Olimpo de todos esos nombres que admiramos y de los que tenemos algo o mucho que aprender.

Mi valoración: un 8 de 10.

Y a ti, ¿qué te ha parecido?

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Un acertijo elemental

Cada uno de los siguientes scikus encierra dentro un elemento químico. ¿Serías capaz de adivinar de qué elementos se tratan y completar así la palabra secreta que hay abajo?

1
Vales un Nobel
y un país bautizaste.
¡Tú la mataste!

2
Elemento primordial
Siempre tiene un electrón despistado.
Hijo nato del Big Bang.

3
Freiya, en plena transición
añadida al acero inoxidable
resiste la corrosión.

4
De un sol que explota
nace un pequeño niño
que Japón barre.

5
Guárdenle un sitio
al pirenáico oculto
Eka-aluminio.

6
Sólido, muy denso y gris
Metal por una mujer descubierto
En plena orilla del Rín.

7
Hueles a averno.
Nubes que hacen de venus
El mismo infierno.

Esta entrada forma parte de #Polivulgadores de Café Hypatia en su edición de julio de 2018. En esta ocasión polivulgamos sobre los #PVelementos.

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